Todo lo que traje conmigo

US$ 5.000,00

DIMENSIONES: 124 cm x 90 cm

La primera vez que expuse mi obra en Nueva York, en el Rockefeller Center, sentí algo difícil de explicar.

Estaba en una de las ciudades más importantes del mundo, viendo mi trabajo ocupar un espacio que durante mucho tiempo había parecido lejano. Y, sin embargo, en medio de la emoción, no sentí que hubiera llegado sola.

Sentí que había llegado con todo lo que traía conmigo.

Con mi historia. Con mi familia. Con mi país. Con las mujeres que me enseñaron a ser fuerte. Con mis raíces colombianas. Con las veces que tuve que comenzar de nuevo, con las decisiones que me dieron miedo y con todos esos años en los que seguí trabajando sin saber exactamente hasta dónde podía llevarme el arte.

De ese sentimiento nace esta obra.

Tres bailarinas avanzan sobre el puente de Brooklyn mientras Nueva York se levanta frente a ellas. Están de espaldas porque no necesitan mirar al espectador: están mirando hacia lo que viene.

Para mí, esas bailarinas representan mucho más que la danza. Hay algo de mí en ellas.

Una representa a la mujer que alguna vez soñó con llegar lejos. Otra, a la que tuvo que trabajar y creer incluso cuando todavía no podía ver el resultado. Y la tercera, a la mujer que finalmente llegó a Nueva York y comprendió que alcanzar un sueño no significa dejar atrás el lugar de donde vienes.

Al contrario.

A veces uno tiene que viajar muy lejos para comprender la fuerza de sus propias raíces.

Por eso quise enfrentar la delicadeza de las bailarinas con la monumentalidad de la ciudad. Sus vestidos blancos hablan de sensibilidad, disciplina y feminidad; el puente habla de tránsito, de caminos y de aquello que conecta un lugar con otro. Y el cielo cálido transforma Nueva York en el recuerdo de un instante que para mí tuvo algo de irreal: estar allí y pensar: “alguna vez imaginé esto y ahora lo estoy viviendo”.

Pero esta obra no habla solamente de mi historia.

Habla de cualquiera que alguna vez haya tenido un sueño que parecía demasiado grande. De quien salió de su lugar de origen sin renunciar a él. De quien entendió que crecer no significa convertirse en otra persona, sino llevar cada vez más lejos aquello que somos.

Por eso “Todo lo que traje conmigo” no es simplemente una pintura de Nueva York.

Es una obra sobre llegar.

Sobre cruzar nuestros propios puentes.

Sobre mirar hacia adelante sin olvidar lo que existe detrás.

Y sobre descubrir que, cuando finalmente alcanzamos uno de esos lugares con los que alguna vez soñamos, el verdadero triunfo no es haber llegado lejos: es poder reconocer que nuestras raíces llegaron con nosotros.

Materiales: Óleo

DIMENSIONES: 124 cm x 90 cm

La primera vez que expuse mi obra en Nueva York, en el Rockefeller Center, sentí algo difícil de explicar.

Estaba en una de las ciudades más importantes del mundo, viendo mi trabajo ocupar un espacio que durante mucho tiempo había parecido lejano. Y, sin embargo, en medio de la emoción, no sentí que hubiera llegado sola.

Sentí que había llegado con todo lo que traía conmigo.

Con mi historia. Con mi familia. Con mi país. Con las mujeres que me enseñaron a ser fuerte. Con mis raíces colombianas. Con las veces que tuve que comenzar de nuevo, con las decisiones que me dieron miedo y con todos esos años en los que seguí trabajando sin saber exactamente hasta dónde podía llevarme el arte.

De ese sentimiento nace esta obra.

Tres bailarinas avanzan sobre el puente de Brooklyn mientras Nueva York se levanta frente a ellas. Están de espaldas porque no necesitan mirar al espectador: están mirando hacia lo que viene.

Para mí, esas bailarinas representan mucho más que la danza. Hay algo de mí en ellas.

Una representa a la mujer que alguna vez soñó con llegar lejos. Otra, a la que tuvo que trabajar y creer incluso cuando todavía no podía ver el resultado. Y la tercera, a la mujer que finalmente llegó a Nueva York y comprendió que alcanzar un sueño no significa dejar atrás el lugar de donde vienes.

Al contrario.

A veces uno tiene que viajar muy lejos para comprender la fuerza de sus propias raíces.

Por eso quise enfrentar la delicadeza de las bailarinas con la monumentalidad de la ciudad. Sus vestidos blancos hablan de sensibilidad, disciplina y feminidad; el puente habla de tránsito, de caminos y de aquello que conecta un lugar con otro. Y el cielo cálido transforma Nueva York en el recuerdo de un instante que para mí tuvo algo de irreal: estar allí y pensar: “alguna vez imaginé esto y ahora lo estoy viviendo”.

Pero esta obra no habla solamente de mi historia.

Habla de cualquiera que alguna vez haya tenido un sueño que parecía demasiado grande. De quien salió de su lugar de origen sin renunciar a él. De quien entendió que crecer no significa convertirse en otra persona, sino llevar cada vez más lejos aquello que somos.

Por eso “Todo lo que traje conmigo” no es simplemente una pintura de Nueva York.

Es una obra sobre llegar.

Sobre cruzar nuestros propios puentes.

Sobre mirar hacia adelante sin olvidar lo que existe detrás.

Y sobre descubrir que, cuando finalmente alcanzamos uno de esos lugares con los que alguna vez soñamos, el verdadero triunfo no es haber llegado lejos: es poder reconocer que nuestras raíces llegaron con nosotros.

Materiales: Óleo