Entre nosotras

$2,700.00

DIMENSIONS: 110 cm x 80 cm

Hay momentos en los que una mujer no necesita estar sola para encontrarse a sí misma. A veces se reconoce en las otras: en una conversación, en un gesto, en una mirada, en la disciplina compartida y en esa complicidad que existe sin necesidad de palabras.

“Entre nosotras” nace de ese universo.

Siete bailarinas ocupan la parte inferior de la composición mientras una inmensidad azul se abre sobre ellas. Sus vestidos blancos se encuentran, se superponen y casi se convierten en un solo cuerpo en movimiento. Cada mujer conserva su individualidad, pero juntas construyen algo más grande.

No vemos sus rostros. Y precisamente ahí está una de las fuerzas de la obra. Podrían ser muchas mujeres. Podríamos ser nosotras mismas en distintos momentos de la vida.

El blanco habla de luz y de libertad; los cuerpos, de disciplina y presencia. El azul profundo que las rodea crea silencio, profundidad y una sensación de infinito. Hay una delicada tensión entre la quietud del instante y la posibilidad de que, un segundo después, todas comiencen a bailar.

Pero “Entre nosotras” no habla solamente de danza.

Habla de lo que ocurre cuando las mujeres dejan de mirarse como competencia y empiezan a reconocerse como compañía. De las conversaciones que sostienen, de las experiencias que se transmiten, de la fuerza que aparece cuando una mujer encuentra en otra un lugar seguro para ser ella misma.

Cada figura tiene su propio movimiento, su propia historia y su propio espacio. Ninguna desaparece para que otra pueda brillar.

Y quizás por eso esta obra tiene algo profundamente contemporáneo: celebra una feminidad que no necesita imponerse para ser poderosa.

Es una obra sobre la belleza, sí, pero sobre todo sobre la complicidad, la libertad y la fuerza silenciosa de pertenecer sin dejar de ser una misma.

Porque hay vínculos que no nos atan: nos recuerdan quiénes somos.

Materiales: Óleo 

DIMENSIONS: 110 cm x 80 cm

Hay momentos en los que una mujer no necesita estar sola para encontrarse a sí misma. A veces se reconoce en las otras: en una conversación, en un gesto, en una mirada, en la disciplina compartida y en esa complicidad que existe sin necesidad de palabras.

“Entre nosotras” nace de ese universo.

Siete bailarinas ocupan la parte inferior de la composición mientras una inmensidad azul se abre sobre ellas. Sus vestidos blancos se encuentran, se superponen y casi se convierten en un solo cuerpo en movimiento. Cada mujer conserva su individualidad, pero juntas construyen algo más grande.

No vemos sus rostros. Y precisamente ahí está una de las fuerzas de la obra. Podrían ser muchas mujeres. Podríamos ser nosotras mismas en distintos momentos de la vida.

El blanco habla de luz y de libertad; los cuerpos, de disciplina y presencia. El azul profundo que las rodea crea silencio, profundidad y una sensación de infinito. Hay una delicada tensión entre la quietud del instante y la posibilidad de que, un segundo después, todas comiencen a bailar.

Pero “Entre nosotras” no habla solamente de danza.

Habla de lo que ocurre cuando las mujeres dejan de mirarse como competencia y empiezan a reconocerse como compañía. De las conversaciones que sostienen, de las experiencias que se transmiten, de la fuerza que aparece cuando una mujer encuentra en otra un lugar seguro para ser ella misma.

Cada figura tiene su propio movimiento, su propia historia y su propio espacio. Ninguna desaparece para que otra pueda brillar.

Y quizás por eso esta obra tiene algo profundamente contemporáneo: celebra una feminidad que no necesita imponerse para ser poderosa.

Es una obra sobre la belleza, sí, pero sobre todo sobre la complicidad, la libertad y la fuerza silenciosa de pertenecer sin dejar de ser una misma.

Porque hay vínculos que no nos atan: nos recuerdan quiénes somos.

Materiales: Óleo