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Dos maneras de ser infinita
DIMENSIONES: 120 cm x 100 cm
Hay algo extraordinario en una mujer que ha aprendido a habitarse.
No necesita explicar su carácter, justificar sus decisiones ni demostrar constantemente su valor. Hay una seguridad que llega cuando una mujer comprende que puede contener muchas cosas al mismo tiempo: firmeza y sensibilidad, elegancia y carácter, serenidad y determinación.
“Dos maneras de ser infinita” habla precisamente de eso.
Las dos figuras parecen surgir de una misma composición, pero no son reflejos exactos. Cada una mira hacia un lugar diferente y sostiene su propia presencia. No compiten, no se comparan y ninguna completa a la otra.
Cada una ya está completa.
La tela que atraviesa sus cuerpos crea una continuidad visual entre ambas y convierte la escena en una reflexión sobre la feminidad: no existe una sola manera correcta de ser mujer.
Podemos cambiar de opinión. Podemos ser delicadas un día y absolutamente firmes al siguiente. Podemos elegir caminos inesperados. Podemos comenzar nuevamente. Podemos tener contradicciones. Podemos querer cosas distintas en diferentes momentos de nuestra vida.
Y nada de eso nos hace menos auténticas.
El gris domina la composición y le da una fuerza casi escultórica. Sobre esa sobriedad aparecen pequeños detalles dorados y rojos que alteran deliberadamente el silencio de la imagen. El oro señala aquello que tiene valor; el rojo introduce vida, decisión y personalidad.
Son pequeños gestos, pero cambian toda la obra.
Como ocurre también con nosotros: muchas veces aquello que verdaderamente define quiénes somos no es lo más evidente.
Por eso estas mujeres no están aquí para representar a alguien específico.
Representan la libertad de existir sin tener que caber en una sola definición.
Y quizá esa sea la razón por la que esta obra puede sentirse tan personal dentro de una casa.
Porque algún día quien la mire puede sentirse invencible. Otro día puede necesitar silencio. Puede estar comenzando algo nuevo, tomando una decisión importante o simplemente recordando todo lo que ha construido.
La pintura seguirá siendo la misma.
Pero probablemente la mujer que la mira no.
Y cada vez podrá encontrar algo diferente de sí misma frente a ella.
Eso es lo que quisiera que dejara esta obra: una certeza sencilla pero poderosa.
No tenemos que ser una sola cosa durante toda la vida.
Podemos tener muchas formas de existir, muchas maneras de expresarnos, muchas etapas y muchos sueños.
Y seguir siendo, en cada una de ellas, profundamente nosotras mismas.
Materiales: Óleo, acrílico y pasta
DIMENSIONES: 120 cm x 100 cm
Hay algo extraordinario en una mujer que ha aprendido a habitarse.
No necesita explicar su carácter, justificar sus decisiones ni demostrar constantemente su valor. Hay una seguridad que llega cuando una mujer comprende que puede contener muchas cosas al mismo tiempo: firmeza y sensibilidad, elegancia y carácter, serenidad y determinación.
“Dos maneras de ser infinita” habla precisamente de eso.
Las dos figuras parecen surgir de una misma composición, pero no son reflejos exactos. Cada una mira hacia un lugar diferente y sostiene su propia presencia. No compiten, no se comparan y ninguna completa a la otra.
Cada una ya está completa.
La tela que atraviesa sus cuerpos crea una continuidad visual entre ambas y convierte la escena en una reflexión sobre la feminidad: no existe una sola manera correcta de ser mujer.
Podemos cambiar de opinión. Podemos ser delicadas un día y absolutamente firmes al siguiente. Podemos elegir caminos inesperados. Podemos comenzar nuevamente. Podemos tener contradicciones. Podemos querer cosas distintas en diferentes momentos de nuestra vida.
Y nada de eso nos hace menos auténticas.
El gris domina la composición y le da una fuerza casi escultórica. Sobre esa sobriedad aparecen pequeños detalles dorados y rojos que alteran deliberadamente el silencio de la imagen. El oro señala aquello que tiene valor; el rojo introduce vida, decisión y personalidad.
Son pequeños gestos, pero cambian toda la obra.
Como ocurre también con nosotros: muchas veces aquello que verdaderamente define quiénes somos no es lo más evidente.
Por eso estas mujeres no están aquí para representar a alguien específico.
Representan la libertad de existir sin tener que caber en una sola definición.
Y quizá esa sea la razón por la que esta obra puede sentirse tan personal dentro de una casa.
Porque algún día quien la mire puede sentirse invencible. Otro día puede necesitar silencio. Puede estar comenzando algo nuevo, tomando una decisión importante o simplemente recordando todo lo que ha construido.
La pintura seguirá siendo la misma.
Pero probablemente la mujer que la mira no.
Y cada vez podrá encontrar algo diferente de sí misma frente a ella.
Eso es lo que quisiera que dejara esta obra: una certeza sencilla pero poderosa.
No tenemos que ser una sola cosa durante toda la vida.
Podemos tener muchas formas de existir, muchas maneras de expresarnos, muchas etapas y muchos sueños.
Y seguir siendo, en cada una de ellas, profundamente nosotras mismas.
Materiales: Óleo, acrílico y pasta