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Donde descansa mi corazón
DIMENSIONES: 56 cm x 89 cm
Hay momentos en los que rezamos para pedir. Otros, para agradecer. Y hay momentos en los que simplemente necesitamos sentir que podemos descansar el corazón en algún lugar.
De ahí nace “Donde descansa mi corazón”.
Mi vínculo con la Virgen Madre nunca ha sido distante. No la siento únicamente como una imagen religiosa ni como una figura que pertenece a una iglesia. Para mí, María representa una cercanía mucho más íntima: esa presencia a la que regreso cuando necesito claridad, cuando tengo algo que agradecer, cuando comienzo un nuevo camino o cuando simplemente quiero sentirme acompañada.
Por eso quise rodearla de color.
No quería pintar una fe triste, solemne o lejana. Quería hablar de la fe como yo la siento: viva, femenina, amorosa y llena de esperanza.
En el centro, la Virgen permanece serena. Sus manos unidas y su mirada baja transmiten una paz que contrasta con la intensidad de todo lo que sucede a su alrededor. Rosas, fucsias, blancos y tonos cálidos se mezclan en una materia abundante que parece florecer desde el lienzo.
Y para mí eso tiene un significado especial: alrededor de la fe también puede florecer la vida.
La textura deja de ser solamente pintura y se convierte casi en un jardín que protege su figura. El verde profundo de su manto y los dorados conservan la fuerza de la imagen tradicional, mientras el entorno contemporáneo la acerca a mi propio lenguaje como artista.
Esta obra habla de María, pero también habla de algo profundamente humano: todos necesitamos un lugar interior al cual regresar.
Un lugar donde no tengamos que demostrar nada. Donde podamos agradecer lo vivido, entregar aquello que nos preocupa y recordar que incluso cuando no tenemos todas las respuestas podemos seguir caminando con esperanza.
Eso representa la Virgen Madre para mí.
Y eso quisiera que sucediera con esta obra en la casa de quien algún día la haga suya: que no sea simplemente una imagen hermosa colgada en una pared. Que se convierta en una presencia. Que acompañe una familia, una oración, un agradecimiento, un nuevo comienzo o incluso un momento cotidiano.
Porque hay obras que llenan un espacio de color.
Y hay otras que, además, nos recuerdan dónde puede descansar el corazón.
Materiales: Óleo y acrílico
DIMENSIONES: 56 cm x 89 cm
Hay momentos en los que rezamos para pedir. Otros, para agradecer. Y hay momentos en los que simplemente necesitamos sentir que podemos descansar el corazón en algún lugar.
De ahí nace “Donde descansa mi corazón”.
Mi vínculo con la Virgen Madre nunca ha sido distante. No la siento únicamente como una imagen religiosa ni como una figura que pertenece a una iglesia. Para mí, María representa una cercanía mucho más íntima: esa presencia a la que regreso cuando necesito claridad, cuando tengo algo que agradecer, cuando comienzo un nuevo camino o cuando simplemente quiero sentirme acompañada.
Por eso quise rodearla de color.
No quería pintar una fe triste, solemne o lejana. Quería hablar de la fe como yo la siento: viva, femenina, amorosa y llena de esperanza.
En el centro, la Virgen permanece serena. Sus manos unidas y su mirada baja transmiten una paz que contrasta con la intensidad de todo lo que sucede a su alrededor. Rosas, fucsias, blancos y tonos cálidos se mezclan en una materia abundante que parece florecer desde el lienzo.
Y para mí eso tiene un significado especial: alrededor de la fe también puede florecer la vida.
La textura deja de ser solamente pintura y se convierte casi en un jardín que protege su figura. El verde profundo de su manto y los dorados conservan la fuerza de la imagen tradicional, mientras el entorno contemporáneo la acerca a mi propio lenguaje como artista.
Esta obra habla de María, pero también habla de algo profundamente humano: todos necesitamos un lugar interior al cual regresar.
Un lugar donde no tengamos que demostrar nada. Donde podamos agradecer lo vivido, entregar aquello que nos preocupa y recordar que incluso cuando no tenemos todas las respuestas podemos seguir caminando con esperanza.
Eso representa la Virgen Madre para mí.
Y eso quisiera que sucediera con esta obra en la casa de quien algún día la haga suya: que no sea simplemente una imagen hermosa colgada en una pared. Que se convierta en una presencia. Que acompañe una familia, una oración, un agradecimiento, un nuevo comienzo o incluso un momento cotidiano.
Porque hay obras que llenan un espacio de color.
Y hay otras que, además, nos recuerdan dónde puede descansar el corazón.
Materiales: Óleo y acrílico