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Lo que el alma sabe
DIMENSIONES: 60 cm x 70 cm
Hay cosas que la razón tarda años en comprender y que, sin embargo, el alma parece haber sabido siempre.
“Lo que el alma sabe” nace de ese lugar.
Una mujer dirige la mirada hacia lo alto mientras sostiene sus manos sobre el pecho. No sabemos exactamente qué está pidiendo, agradeciendo o esperando. Y esa ausencia de una respuesta concreta es precisamente lo que hace que su historia pueda convertirse en la historia de cualquiera.
En su rostro hay emoción, pero no fragilidad. Hay una mujer que ha vivido, que ha dudado, que ha tenido que confiar sin conocer siempre el resultado y que, aun así, conserva algo profundamente poderoso: la capacidad de creer.
La cruz descansa sobre su corazón, no como un elemento decorativo, sino como símbolo de aquello a lo que nos aferramos cuando las certezas desaparecen. Sobre ella, violetas, blancos y destellos de materia se elevan y parecen continuar más allá del cuerpo, como si sus pensamientos, sus oraciones y su mundo interior ya no pudieran permanecer contenidos.
El fondo dorado transforma la escena. No existe un paisaje ni un tiempo determinado. Solo queda ella, su fe y la luz.
Esta obra ocupa además un lugar especial dentro de mi recorrido como artista: fue expuesta en Roma, en el Museo Venanzo Crocetti, una institución vinculada al legado de uno de los grandes escultores italianos del siglo XX. Llevar hasta Roma una obra nacida desde mi propia sensibilidad y mi manera de entender la espiritualidad significó verla dialogar con una ciudad atravesada durante siglos por el arte y la fe.
Pero “Lo que el alma sabe” no pertenece únicamente a una religión ni a una historia particular.
Habla de esos momentos que todos conocemos: cuando ponemos una mano sobre el corazón y esperamos; cuando agradecemos algo que parecía imposible; cuando no sabemos qué va a ocurrir, pero decidimos continuar.
Por eso quisiera que quien lleve esta obra a su hogar no vea solamente a una mujer con una cruz.
Quisiera que vea una presencia.
Una obra frente a la cual detenerse. Una mirada que invite a levantar la nuestra. Un recordatorio de que no todo en la vida necesita explicación inmediata y de que, incluso en medio de la incertidumbre, existen convicciones interiores capaces de sostenernos.
Porque algunas respuestas llegan con el tiempo.
Y otras, mucho antes de poder explicarlas, el alma ya las sabe.
Materiales : Óleo, acrílico y pasta
DIMENSIONES: 60 cm x 70 cm
Hay cosas que la razón tarda años en comprender y que, sin embargo, el alma parece haber sabido siempre.
“Lo que el alma sabe” nace de ese lugar.
Una mujer dirige la mirada hacia lo alto mientras sostiene sus manos sobre el pecho. No sabemos exactamente qué está pidiendo, agradeciendo o esperando. Y esa ausencia de una respuesta concreta es precisamente lo que hace que su historia pueda convertirse en la historia de cualquiera.
En su rostro hay emoción, pero no fragilidad. Hay una mujer que ha vivido, que ha dudado, que ha tenido que confiar sin conocer siempre el resultado y que, aun así, conserva algo profundamente poderoso: la capacidad de creer.
La cruz descansa sobre su corazón, no como un elemento decorativo, sino como símbolo de aquello a lo que nos aferramos cuando las certezas desaparecen. Sobre ella, violetas, blancos y destellos de materia se elevan y parecen continuar más allá del cuerpo, como si sus pensamientos, sus oraciones y su mundo interior ya no pudieran permanecer contenidos.
El fondo dorado transforma la escena. No existe un paisaje ni un tiempo determinado. Solo queda ella, su fe y la luz.
Esta obra ocupa además un lugar especial dentro de mi recorrido como artista: fue expuesta en Roma, en el Museo Venanzo Crocetti, una institución vinculada al legado de uno de los grandes escultores italianos del siglo XX. Llevar hasta Roma una obra nacida desde mi propia sensibilidad y mi manera de entender la espiritualidad significó verla dialogar con una ciudad atravesada durante siglos por el arte y la fe.
Pero “Lo que el alma sabe” no pertenece únicamente a una religión ni a una historia particular.
Habla de esos momentos que todos conocemos: cuando ponemos una mano sobre el corazón y esperamos; cuando agradecemos algo que parecía imposible; cuando no sabemos qué va a ocurrir, pero decidimos continuar.
Por eso quisiera que quien lleve esta obra a su hogar no vea solamente a una mujer con una cruz.
Quisiera que vea una presencia.
Una obra frente a la cual detenerse. Una mirada que invite a levantar la nuestra. Un recordatorio de que no todo en la vida necesita explicación inmediata y de que, incluso en medio de la incertidumbre, existen convicciones interiores capaces de sostenernos.
Porque algunas respuestas llegan con el tiempo.
Y otras, mucho antes de poder explicarlas, el alma ya las sabe.
Materiales : Óleo, acrílico y pasta