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Todas las mujeres que soy
DIMENSIONS: 120cm x 90 cm
Ninguna mujer es una sola mujer durante toda su vida.
Somos la que soñó primero y la que después se atrevió. La que aprendió a confiar en sí misma y la que todavía tiene preguntas. La que heredó una historia y la que decidió escribir una diferente.
De ahí nace “Todas las mujeres que soy”.
Dos figuras aparecen frente a frente sin llegar a mirarse. A primera vista podrían parecer dos mujeres distintas, pero también pueden ser dos versiones de una misma mujer coexistiendo en el mismo instante.
Ambas elevan la mirada.
Y para mí ese gesto es esencial.
No están mirando hacia atrás. Tampoco buscan la aprobación de quien las observa. Hay algo arriba que parece llamarlas: un sueño, una posibilidad, una pregunta, una versión de sí mismas que todavía no conocen.
Sus cuerpos tienen fuerza, pero no dureza. Sus brazos se recogen sobre ellas mismas en un gesto que puede leerse como protección, conciencia y pertenencia. No necesitan que alguien venga a sostenerlas para sentirse completas: han aprendido también a sostenerse a sí mismas.
El fondo violeta elimina cualquier lugar o tiempo concreto. No sabemos dónde están porque, en realidad, podrían estar en cualquier parte. El color envuelve sus cuerpos y convierte la escena en un espacio interior, casi como si estuviéramos contemplando un pensamiento.
Y el cabello, atravesado por pequeñas líneas de color, rompe la uniformidad y habla de identidad. De todos esos matices que vamos incorporando mientras vivimos y que terminan convirtiéndonos en quienes somos.
Esta obra también habla de las mujeres que llevamos dentro.
De nuestras madres, nuestras abuelas, nuestras raíces y de aquellas mujeres que, sin saberlo, dejaron algo en nuestra manera de mirar el mundo. Pero también habla de la mujer que cada una decide construir por sí misma.
Porque crecer no significa borrar las versiones anteriores de nosotros.
Significa integrarlas.
La mujer que alguna vez dudó también forma parte de la mujer que hoy se atreve. La que soñó hizo posible a la que consiguió. La que comenzó el camino sigue viviendo, de alguna manera, dentro de la que hoy puede mirar más alto.
Por eso quisiera que esta obra, en una casa, no fuera simplemente un retrato doble.
Quisiera que alguien pasara frente a ella y alguna vez se detuviera.
Que reconociera una parte de sí en una figura y otra parte en la segunda. Que recordara de dónde viene, quién es hoy y todo lo que todavía puede llegar a ser.
Porque quizás la identidad no consiste en elegir una sola versión de nosotros mismos.
Quizás consiste en poder mirarlas a todas y decir:
Esta también fui yo.
Esta soy yo.
Y todavía queda mucho de mí por descubrir.
Eso es “Todas las mujeres que soy”. Una obra sobre identidad, evolución y esa fuerza profundamente femenina de transformarnos muchas veces sin dejar de pertenecernos.
Materiales : Óleo
DIMENSIONS: 120cm x 90 cm
Ninguna mujer es una sola mujer durante toda su vida.
Somos la que soñó primero y la que después se atrevió. La que aprendió a confiar en sí misma y la que todavía tiene preguntas. La que heredó una historia y la que decidió escribir una diferente.
De ahí nace “Todas las mujeres que soy”.
Dos figuras aparecen frente a frente sin llegar a mirarse. A primera vista podrían parecer dos mujeres distintas, pero también pueden ser dos versiones de una misma mujer coexistiendo en el mismo instante.
Ambas elevan la mirada.
Y para mí ese gesto es esencial.
No están mirando hacia atrás. Tampoco buscan la aprobación de quien las observa. Hay algo arriba que parece llamarlas: un sueño, una posibilidad, una pregunta, una versión de sí mismas que todavía no conocen.
Sus cuerpos tienen fuerza, pero no dureza. Sus brazos se recogen sobre ellas mismas en un gesto que puede leerse como protección, conciencia y pertenencia. No necesitan que alguien venga a sostenerlas para sentirse completas: han aprendido también a sostenerse a sí mismas.
El fondo violeta elimina cualquier lugar o tiempo concreto. No sabemos dónde están porque, en realidad, podrían estar en cualquier parte. El color envuelve sus cuerpos y convierte la escena en un espacio interior, casi como si estuviéramos contemplando un pensamiento.
Y el cabello, atravesado por pequeñas líneas de color, rompe la uniformidad y habla de identidad. De todos esos matices que vamos incorporando mientras vivimos y que terminan convirtiéndonos en quienes somos.
Esta obra también habla de las mujeres que llevamos dentro.
De nuestras madres, nuestras abuelas, nuestras raíces y de aquellas mujeres que, sin saberlo, dejaron algo en nuestra manera de mirar el mundo. Pero también habla de la mujer que cada una decide construir por sí misma.
Porque crecer no significa borrar las versiones anteriores de nosotros.
Significa integrarlas.
La mujer que alguna vez dudó también forma parte de la mujer que hoy se atreve. La que soñó hizo posible a la que consiguió. La que comenzó el camino sigue viviendo, de alguna manera, dentro de la que hoy puede mirar más alto.
Por eso quisiera que esta obra, en una casa, no fuera simplemente un retrato doble.
Quisiera que alguien pasara frente a ella y alguna vez se detuviera.
Que reconociera una parte de sí en una figura y otra parte en la segunda. Que recordara de dónde viene, quién es hoy y todo lo que todavía puede llegar a ser.
Porque quizás la identidad no consiste en elegir una sola versión de nosotros mismos.
Quizás consiste en poder mirarlas a todas y decir:
Esta también fui yo.
Esta soy yo.
Y todavía queda mucho de mí por descubrir.
Eso es “Todas las mujeres que soy”. Una obra sobre identidad, evolución y esa fuerza profundamente femenina de transformarnos muchas veces sin dejar de pertenecernos.
Materiales : Óleo