DIMENSIONES: 120 cm x 90 cm
Esta obra nace de un lugar profundamente personal. Aunque nací en Bogotá, una parte esencial de mi historia siempre ha vivido en la costa Caribe colombiana. La sangre del Caribe corre por mis venas: la sangre de mujeres fuertes, alegres, resilientes y profundamente independientes, que han sabido convertir las dificultades en fortaleza y la adversidad en dignidad.
Las dos figuras están unidas por una misma tela que fluye entre ellas, recordándonos que ninguna mujer camina sola. Estamos hechas de las historias que heredamos, de las enseñanzas que nos transmitieron nuestras madres y abuelas y de todas aquellas mujeres que lucharon para que hoy pudiéramos estar de pie, con libertad, confianza y orgullo.
Esta obra es un homenaje a las mujeres de la costa Caribe colombiana: mujeres valientes, trabajadoras e inquebrantables; mujeres capaces de llevar familias enteras sobre sus hombros sin perder su calidez, su alegría ni su esencia. Mujeres que encuentran belleza en lo cotidiano, que aman con intensidad y que enfrentan el mundo con una valentía silenciosa que la historia no siempre reconoce, pero que, aun así, transforma vidas.
Los tonos turquesa evocan el mar Caribe, el horizonte infinito y esa sensación de libertad que nace de saber exactamente de dónde venimos. Aunque las dos mujeres miran en direcciones opuestas, permanecen conectadas, reflejando una verdad universal: podemos seguir caminos diferentes, pero nunca dejamos atrás nuestras raíces.
Raíces que perduran es mi manera de honrar a las mujeres que estuvieron antes que yo y a todas aquellas que continúan escribiendo sus propias historias con valentía, dignidad y amor.
Porque una mujer que conoce la fuerza de sus raíces puede enfrentarse al mundo sin perder jamás quién es.
DIMENSIONES: 120 cm x 90 cm
Esta obra nace de un lugar profundamente personal. Aunque nací en Bogotá, una parte esencial de mi historia siempre ha vivido en la costa Caribe colombiana. La sangre del Caribe corre por mis venas: la sangre de mujeres fuertes, alegres, resilientes y profundamente independientes, que han sabido convertir las dificultades en fortaleza y la adversidad en dignidad.
Las dos figuras están unidas por una misma tela que fluye entre ellas, recordándonos que ninguna mujer camina sola. Estamos hechas de las historias que heredamos, de las enseñanzas que nos transmitieron nuestras madres y abuelas y de todas aquellas mujeres que lucharon para que hoy pudiéramos estar de pie, con libertad, confianza y orgullo.
Esta obra es un homenaje a las mujeres de la costa Caribe colombiana: mujeres valientes, trabajadoras e inquebrantables; mujeres capaces de llevar familias enteras sobre sus hombros sin perder su calidez, su alegría ni su esencia. Mujeres que encuentran belleza en lo cotidiano, que aman con intensidad y que enfrentan el mundo con una valentía silenciosa que la historia no siempre reconoce, pero que, aun así, transforma vidas.
Los tonos turquesa evocan el mar Caribe, el horizonte infinito y esa sensación de libertad que nace de saber exactamente de dónde venimos. Aunque las dos mujeres miran en direcciones opuestas, permanecen conectadas, reflejando una verdad universal: podemos seguir caminos diferentes, pero nunca dejamos atrás nuestras raíces.
Raíces que perduran es mi manera de honrar a las mujeres que estuvieron antes que yo y a todas aquellas que continúan escribiendo sus propias historias con valentía, dignidad y amor.
Porque una mujer que conoce la fuerza de sus raíces puede enfrentarse al mundo sin perder jamás quién es.